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Reproche explosivo de Lamour: proyecto solitario de Infantino bajo fuego
Kevin Lamour, director operativo de la FIFA, denunció públicamente la última iniciativa del presidente Gianni Infantino, contrastando su propia llamada a una gobernanza colectiva con el aparente enfoque unilateral de Infantino. La declaración de Lamour, emitida hoy a las 19:32, deja claro que no respalda los planes del presidente.
En una declaración de tono tajante publicada a las 19:36, Lamour dijo que se vio obligado a hablar porque el proyecto anunciado en los últimos días “desafia la imaginación” y no es un proyecto de la FIFA en absoluto. Subrayó que la iniciativa, que ha generado una intensa controversia, es “el proyecto de una sola persona” y no un esfuerzo conjunto de la organización.
Lamour amplió su crítica nombrando los grupos que han sido ignorados: vicepresidentes, miembros del Consejo de la FIFA, confederaciones, federaciones nacionales, jugadores, competiciones, clubes y aficionados. Añadió que incluso la propia junta de la FIFA fue engañada, describiendo la prolongada omisión y el abuso unilateral de poder como “no insignificante”.
Advirtió que el episodio pone de relieve una falta de confianza, transparencia, discernimiento, buena gobernanza y, sobre todo, respeto. Lamour llamó a los líderes políticos del fútbol a formular las preguntas correctas y a tomar las decisiones adecuadas, insistiendo en que el proyecto no debe avanzar por razones evidentes.
Según Lamour, el propósito de la FIFA es servir al deporte, no a los intereses personales de un individuo que cree erróneamente que representa a la FIFA mientras debería servirla. Argumentó que todos deben asumir la responsabilidad, ya que la capacidad de la directiva para cumplir su misión está cada vez más comprometida bajo las circunstancias actuales.
Lamour también reflexionó sobre el papel de un presidente de la FIFA, diciendo que el cargo debe reunir a la gente, unirla e inspirarla. “Hoy experimentamos lo contrario”, afirmó, añadiendo que muchos colegas ya no se sienten orgullosos de trabajar para la FIFA, una situación que lo entristece.
Reconociendo el riesgo personal, Lamour dijo que es consciente de su deber de lealtad hacia su empleador, pero también hacia los valores con los que creció y hacia sus colegas. Declaró que si sus comentarios le cuestan el empleo, aceptará la decisión y podrá dormir tranquilo esa noche.
El marcado contraste entre el llamado de Lamour a una gestión colectiva y la agenda percibida como solitaria de Infantino revela una brecha cada vez mayor dentro del liderazgo de la FIFA. Los próximos pasos ahora dependen de quienes tienen el poder de redefinir la dirección de la organización.