Una reunión de 22 años en el Deportivo descubre un “equipazo” de la infancia
Si todo sale según lo planeado, cuando Angeliño pise por primera vez el vestuario del Deportivo, una cara familiar lo recibirá – un recordatorio de los días en los que apenas estaban a un pie del suelo. El momento será impactante no por la exposición televisiva o el fanatismo lejano, sino porque Miguel Loureiro compartió una vez equipo con él de niños, y la frase “Eran benjamines, pero la verdad es que tenía un equipazo, no me podía quejar” sigue resonando en sus recuerdos.
Miguel Loureiro, ahora veterano del club, es la persona que se espera que Angeliño vea en su día inaugural en el Deportivo. Su vínculo temprano proviene de una época en la que ambos apenas superaban la altura de una palma, detalle que se subraya al recordar las sesiones de entrenamiento compartidas.
Santi Canedo, exjugador del Bergantiños, hoy es el entrenador de porteros en el Dépor Abanca. Su paso de jugador a cuerpo técnico subraya la continuidad dentro del personal del club, enlazando pasado y presente a través de su papel en la formación de los guardametas del plantel actual.
Agustín Elduayen, antiguo guardián de la portería del club, también rememora aquellos primeros años. Señala cómo los dos jóvenes, Angeliño y Loureiro, crecieron juntos dentro del mismo entorno futbolístico, reforzando la profundidad de su historia compartida.
La cita “Eran benjamines, pero la verdad es que tenía un equipazo, no me podía quejar” captura el sentimiento de esos días formativos. Refleja el orgullo que sentían a pesar de estar en la categoría más joven, describiendo al conjunto como un “equipazo”, es decir, un gran equipo.
Durante la temporada 2004‑05, el histórico futbolista blanquiazul se hizo cargo del equipo más joven de las escuelas Luis Calvo de Carballo. Esta iniciativa se describió como el sueño de la familia Calvo, José Ramón Torres Pichel y Luis Cendán, resaltando las raíces comunitarias del proyecto.
El proyecto juvenil, nacido en 2001, contaba con José Luis Vara como su referente y coordinador hasta sus últimos días. Su liderazgo fue una piedra angular del programa, garantizando su continuidad e influencia en los talentos emergentes.
Incluso mientras perseguía una carrera en el fútbol senior, el histórico jugador supervisó personalmente varios de los equipos de alevín, demostrando un compromiso especial con el desarrollo de la cantera. Enseñó a Angeliño a golpear el balón y a explotar sus habilidades innatas, una mentoría que ahora resurge al reunirse ambos en el Deportivo. El contraste entre sus humildes comienzos y el entorno profesional actual subraya el vínculo duradero forjado en aquellos primeros años y sugiere la perdurable herencia de la filosofía juvenil del club.