Sin la noche soñada, la Real Sociedad se queda corta ante el Lyon

En la noche marcada en rojo, la afición del estadio Anoeta vio cómo la Real Sociedad se quedó sin la victoria soñada al empatar ante el Olympique de Lyon, un resultado que dejó al público con la miel en los labios pero sin la noche europea esperada.
El empate no se considera un drama por la calidad del Olympique de Lyon, pero preocupa que el partido era la ocasión para vencer y convencer a la afición. La renta continental empieza a quedarse peligrosamente escasa. Un balance de una victoria, dos empates y una derrota tras cuatro jornadas coloca al equipo de Pellegrino Matarazzo muy lejos del objetivo prioritario del top 8.
En una fase de liga tan comprimida es necesario no despistarse ni repetir lo ocurrido contra el cuadro francés. No basta con competir bien a ráfagas ni con argumentar la jerarquía de los rivales. Para aspirar a cotas altas en Europa hace falta convertir el estadio propio en un fortín, intimidar desde el primer minuto y cerrar los partidos ante competidores directos.
La afición blanquiazul acudió a la cita dispuesta a empujar al equipo hacia un salto de calidad definitivo, pero se volvió a casa con la fría sensación del “quiero y no puedo”. Ahora el margen de error se ha reducido al mínimo y ha pasado un partido más en casa sin marcar la diferencia. La Real tiene fútbol, pero le falta el colmillo necesario para reclamar su sitio entre los grandes de la competición. No lo consigue, tampoco en casa.