La salida de Onana dejó a Bélgica con diez hombres en el campo y un reajuste en el mediocampo.
Compañeros de equipo se turnaron para ofrecer apoyo a Onana mientras permanecía en el banquillo, visiblemente decepcionado. La lesión del centrocampista se produjo durante el juego activo, truncando un prometedor inicio del partido. Su ausencia se notó casi al instante en el equilibrio del mediocampo belga.
La entrada de Hans Vanaken brindó un breve respiro, pero el daño ya estaba hecho. Bélgica afronta ahora el reto de adaptarse sin uno de sus centrocampistas más fiables. El incidente pone de manifiesto la fragilidad de la profundidad de plantilla en el fútbol internacional.
Para Bélgica, el enfoque debe centrarse ahora en el control de daños. El resultado del partido pende de un hilo, con el equipo obligado a navegar el resto del encuentro con opciones reducidas.